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14 de Junio de 2015
NOTA Nº 416, escribe Jesús Chirino - ARMANDO FABRE, ESCULTOR
Multifacético hombre de Villa Nueva
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Villa Nueva ha tenido, y tiene, artistas que desarrollaron una fructífera carrera. No todos ellos nacieron en esa tierra, algunos vinieron de otros lugares y fueron cobijados por la añosa ciudad que les permitió llevar adelante sus obras. Sin lugar a dudas que una de esas figuras es la del escritor, pintor y escultor Armando Hilario Fabre, un sujeto que, a pesar de las limitaciones que le impuso la pérdida de la visión, concretó numerosas esculturas que, por estar en espacios públicos, enriquecen el patrimonio cultural de numerosas localidades. No podría hacerse una historia de la escultura en la región prescindiendo del nombre de Fabre
 
Cuando se fueron las luces
Era la tarde del 17 de noviembre de 1943, en la localidad de Las Varillas, Armando Fabre charlaba con un amigo cuando su vista se apagó. Fue el azul de aquel cielo despejado lo último que leerían sus ojos. En una nota que el periodista Miguel Andreis le hizo para El Diario, en mayo de 1992, acerca de ese momento, contó que entonces “…algo como un oscuro telón cae sobre mi vista, se desprendieron las retinas…”.  El amigo lo tomó del brazo y lo acompañó hasta su casa. El mismo artista dijo “alguien salió y le dijo al cura -‘¡Lindo su amigo el artista, está tan borracho que lo tienen que llevar!’-”, pero la realidad era muy diferente. Luego lo acompañaron a consultas con profesionales médicos de Córdoba y de Buenos Aires, pero nada dio resultados. Poco a poco fue quedando atrás la esperanza de recuperar la vista. 
Por entonces Fabre contaba con unos frescos 25 años de edad, su nacimiento está registrado el 21 de octubre de 1918 en la localidad de James Craik, aunque puede que naciera unos días antes. Su familia vivió en diferentes localidades, entre otros lugares en Arroyo Cabral y en 1925 se radicó en la ciudad de Villa Nueva. Su infancia no fue muy fácil, debió dejar la escuela primaria en cuarto grado para ir a trabajar al campo.  En 1933 participó de un concurso de pintura. Según sus propias palabras aquello fue, “algo así como el primer salón de arte aficionado y obtuve una beca, del profesor Arborio, que me permitió una formación académica. De allí egresé como dibujante artístico y pintura. Bueno… pero yo vivía de los carteles que pintaba, tratando de lograr nuevas técnicas o, por lo menos, otras características publicitarias. Ya no sólo el cartel del anuncio del comercio, rezando panadería, despensa o lo que fuera… trataba de hacerle algún dibujo, sobre el motivo que se comercializaba. Esto, tal como pasó en Las Varillas, revolucionó al pueblo. Era la novedad de los letreros artísticos”.
En los años 35 y 36 se estableció en la ciudad de Córdoba, allí ejerció la locución, ese período también fue cuando se inclinó más por el dibujo que venía practicando desde niño. Sabía recordar que cursaba tercer grado de la escuela primaria cuando la maestra Rosal Moya Ceballos descubrió su inclinación por el dibujo y le regaló enseres de artista que su humilde familia no podía costear.
En relación al oficio de locutor también lo supo ejercer en Villa María en la firma Cylter. Sobre sus oficios Armando Fonseca escribió que “fue escultor, canillita, locutor en LV3 en los programas de Edmundo Cartos, locutor de publicidad callejera en nuestro pueblo, porque tenía una voz grave y potente, de clara dicción”. En el terreno artístico fue premiado en varias oportunidades y Villa Nueva, en 1990, lo declaró Ciudadano Ilustre de esa ciudad.
 
Mirar con las manos
Poco tiempo después de perder la vista en aquella tarde en Las Varillas, fijó residencia en la ciudad de Buenos Aires ingresando a la Escuela General San Martín, dependiente del Instituto Nacional de Ciegos. Allí aprendió el sistema de escritura Braille, desarrollado para personas con disminución o pérdida total de la visión. En ese lugar se encontró con los artistas y docentes Arturo Gargiullo y Elena Guarnaccia Altamira, esposa del primero. El escultor Gargiullo, que desarrolló un sistema para enseñar escultura a ciegos, tenía una relación artística con Villa María, pues el bronce del monumento a Bernardino Rivadavia situado en la Plaza Independencia lleva su firma, junto a la del otro autor de esa escultura que es Pablo Tosto. Esa obra fue inaugurada en el año 1928 y lamentablemente a su base, desde hace años, le hace falta una restauración.
El encuentro con estos docentes de Buenos Aires resultó decisivo para Fabre. El historiador Pablo Granado, muy amigo del artista, supo señalar que ellos le enseñaron “a educar el tacto, a desarrollar la imaginación, a suplantar sus dos pupilas, apagadas, por diez pupilas brillantes que miran por los digitales”. 
El 25 de enero de 1987 El Diario publicó una perspectiva de Granado acerca de su amigo escultor, también historiador y amante de las artes en general. Acerca de la manera que Armando enfrentó la pesada carga de la ceguera, Pablo señaló: “No hay camino cerrado para la voluntad del hombre; no hay vallas que no puedan voltearse, ni cima que no pueda escalar el empeño, la paciencia, la gloriosa terquedad que supera abismos. Quien quiera desfallezca al primer obstáculo, es un derrotado de antemano; pero cada día aprendemos para estímulo y ejemplo, alguna nueva historia reconfortante, que confirma la fe en el ser humano y nos induce a desoír los reclamos de la comodidad y el ocio, quienes seductoramente, pretenden del camino de la tenacidad y el esfuerzo. Tal es la aventura heroica, noble, gigantesca, de Armando Fabre”.
En el año 2008 la Junta Municipal de Historia de Villa Nueva editó el libro “Legado cultural de Don Armando Fabre”, allí pueden leerse diferentes plumas que hablan del artista y del hombre, pero también sus propios escritos. Quien desee acercarse a su figura este libro es un buen medio. Pero también está la posibilidad de ir a encontrarse al aire libre con Fabre, basta recorrer sus obras. Ver la originalidad de un San Martín meditando en la plaza central de Villa Nueva, a Hipólito Yrigoyen en una esquina del Parque,  la ternura de la maternidad reflejada en el conjunto escultórico a la madre.  Todas ellas en Villa Nueva, pero también encontramos obra de Fabre en Chazón, un fornido Centinela Pampa. Así se podría ir señalando sus piezas en  Cruz Alta, Alto Alegre, Ticino, La Playosa, Arroyo Cabral, etcétera. Pero también en localidades de las provincias de Buenos Aires, Santiago del Estero, Tucumán y Santa Fe.
 
Fabre falleció el 27 de octubre de 1999, dejó una importante obra artística que podemos seguir disfrutando. Podríamos hablar de lo monumental de algunas de sus esculturas, como el Hipólito Yrigoyen de cuatro metros de altura, el Centinela Pampa de Chazón de una envergadura de tres metros con ochenta centímetros, pero dado el espacio que tenemos en esta columna sólo nos limitaremos a llamar la atención del lector hacia la obra Capitán de los Andes, ubicada en la plaza central de Villa Nueva. Se trata de la representación de un San Martín sentado, pensando.  El propio artista, en un reportaje de 1965 dijo que inspirado en un pasaje del libro de Ricardo Rojas  “lo ubiqué a San Martín en ese imponente escenario de la cordillera, con su capa agitada por el viento, como simbolizando el ala del cóndor, que echaría a volar sobre los Andes”.
Según rescata Fonseca en el referido libro de la Junta de Historia, el gran amigo de Fabre, Pedro Zamboni, albañil de profesión, fue modelo para que el escultor diera forma a las piernas del gran Capitán. Parados ante el monumento, luego de superar la admiración que provoca que un hombre ciego tuviera la capacidad para esculpir de esa manera, sobreviene la valoración artística de la obra que sorprende desde su concepción, pues se trata de un San Martín en una pose poco tradicional y cuyas piernas fueron modeladas a partir de las de un trabajador como los millones que producimos la riqueza del país. Esto refleja mucho de la personalidad de Fabre, un valioso artista del cual Villa Nueva debe estar orgullosa.

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